La Villa de Bellavista nació puede decirse en cuna de oro, pues fue creada por el Virrey José Antonio Manso de Velasco y Sánchez de Samaniego, Conde de Superunda, con el objeto de suplir el importante puerto del Callao destruido por el terremoto de 1746. Con esmero verdaderamente paternal hizo ese gobernante del Perú escoger el sitio más apropiado para fundar la población y luego informó detenidamente al rey Carlos III de España sobre las necesidades de esta nueva entidad y de las dificultades que se oponían al procurárselas. En su extensa comunicación reclamó el Conde de Superunda sobre todo un colegio para la juventud, y un hospital, pudiendo encargarse el servicio de instrucción a la Compañía de Jesús y el nosocomio a los religiosos de San Juan de Dios.

“La devoción de las mujeres del país,” dice el Virrey, “no se satisface si no se halla muchos sacrificios a que asistir, muchos sermones que oír y muchos confesores para la administración del Santo Sacramente de la Penitencia,” de manera que las damas de las familias distinguidas preferían vivir en Lima, teniendo sus esposos que desempeñaban cargos con relación al comercio del Callao que hacer el entonces largo viaje a caballo de la Capital al Puerto.

Por más que se hiciera en esos años para radicar el movimiento comercial del Callao en la situación más segura de Bellavista, el sentido de comodidad venció como en todos los lugares del mundo amagado de peligro volcánico o sísmico y volvió finalmente al Callao toda la vida propia del puerto. Es curioso recordar sin embargo un proyecto de ingeniería respecto a un canal que comunicara las bodegas por construir en Bellavista con la bahía del Callao, copiado de documentos inéditos conservados en el Archivo de Indias por Rosendo Melo, el autor de la notable monografía titulada “Callao Antiguo” del año 1900.

Pero Bellavista a pesar de no mantenerse como puerto comercial, se mantuvo como lugar de residencia o recreo de la crema limeña, a mérito de su clima y bella perspectiva paisajista que también menciona el Conde de Superunda como motivo de su florecimiento. Recién ahora caen sobre la “pica demoledora” las paredes del “Palacio Virreynal” del fundador de Bellavista, un edificio que ocupaba una manzana frente a la Plaza Principal, cuyos amplios salones, espacioso comedor y precioso patio interior con pila y huerta hablaban de gozosos días del pasado.

Pues bien, en la época presente se remata el pasado en el mundo entero. Bombardeos, incendios y afanes de modernización se conjuran para desligar la generación actual de los tiempos idos. Se cumple al debido instante la ley de lo temporal y transitorio de la existencia terrestre. La materia se hace polvo y el polvo se hace nada. Sólo donde queda una memoria y un interés en lo memorable subsiste la imagen de las cosas diluidas para siempre. Nuevas generaciones amarán nuevos recuerdos que en estos momentos se inician cual gérmenes tiernos que brotan del grano.

Todavía en los tiempos del Presidente Balta, 1866 a 1872 ejercía Bellavista su atractivo hacia la aristocracia capitalina, como la atestigua la Quinta Balta ubicado en este vecindario. Luego ganó Chorrillos la preferencia de los veraneantes; Lima se embelleció con los Jardines de la Exposición y la Alameda de Circunvalación trazada sobre las antiguas murallas. La Punta comenzó a hacerse balneario desapareciendo las chozas de totora de los pescadores y formándose un simpático caserío alrededor del Hotel Roma, fundado y administrado por los esposos Battifora, tíos abuelos del actual Alcalde de Bellavista.

Yo recuerdo Bellavista desde mi infancia como un lugar tristísimo, hasta una edad que podía ya raciocinar bastante para decir: “me parece la antesala del cementerio”.

La plaza espaciosa tenía, al uso de entonces, en medio un pequeñísimo jardín cercado por alta reja; en lo que hoy es esquina de las calles Colina y Grau se hallaba instalado el Hospital de Incurables de la Colonia China; la cuadra que va hacia la avenida Bolognesi la ocupaba el «Jardín Conto» y en una esquina más allá seguía la Comisarias. Una iglesia algo derruida tenía la cúpula que antes caracterizaba nuestras iglesias, y en algún sitio que ya no podría precisar estaba el Convento de la Visitación (1) que más tarde fue trasladado a Lima.

Sólo en 1915 se estableció la primera Municipalidad de Bellavista, habiendo así al fin quien velara por los intereses comunales, y fue el primer Alcalde el señor Eduardo García Calderón, acometiéndose inmediatamente con la actividad del Síndico de Rentas, señor Fernando Modenesi, el problema de la provisión de agua, que siempre ha sido una pesadilla de la región chalaca.

Sin embargo, se produjo antes de 1915 un leve movimiento de progreso en el pueblo estancado por medio del establecimiento de la Clínica de los doctores Barazzoni y Saettone, que más tarde fue convertida en el British – American Hospital, el cual a su vez a desaparecido últimamente, dejando el sitio al Colegio América, ex High School norteamericano. La Clínica Barazzoni con su fachada pintada color verde nilo causaba una impresión agradable a la entrada a la Villa por la alameda de enhiestos ficus que termina en la plazuela.

Aún existe el viejísimo local de madera que servía de paradero al tren del Ferrocarril Ingles que desde antes del Ferrocarril Central comunicaba el Callao con Lima. He ahí la parte clásica de Bellavista: a la izquierda la finca de la señora Picasso de Concha, intactas, aunque algo reformadas, como monumento de la época antigua, que tenía enfrente casas de categoría igual, donde ahora está el mencionado Colegio de segunda enseñanza. En cambio no existe ya el arcádico paradero del Ferrocarril Eléctrico que era mi encanto.

El resurgimiento definitivo de Bellavista viene con la apertura de la Avenida del Progreso durante el gobierno de Augusto B. Leguía. En 1921, al celebrarse el Centenario de la Independencia Nacional, se estrenó en Lima el servicio de ómnibus, con tres carros de los llamados imperiales. Dentro de poco se multiplicaron los ómnibus y la Avenida del progreso vino al encuentro de la nueva movilidad. Muchas figuras del Oncenio de Leguía pasearon por el recinto bellavisteño y renovaron los tiempos en que la aristocracia limeña buscaba solaz en el beatifico ambiente donde canta la cuculí y se mezclan los aires del mar con los aires del campo.

Bellavista se ha hecho alegre y bonito; la plazuela ha sido transformada en parque; la iglesia levantada durante los últimos doce años, con elogiable tesón de los párrocos y del Hermano Antonio digno de todo encomio por su laboriosidad, es de estilo elegante; casas y chalets albergan gente de la clase media, algunas familias de la antigua leyenda local y otras de fuera, caracterizadas por el singular imán de este pedazo idílico de tierra. Se ha realizado el resurgimiento de Bellavista al voltear los gobernantes la mirada hacia esta localidad. Pero Bellavista nace por segunda vez sobre las ruinas de su cuna, el Palacio del Conde de Superunda, que se hizo inhabitable después del terremoto del 24 de mayo de 1940. Ahora privada de señas evocadoras, pone los ojos no en el pasado, sino en el porvenir, la histórica villa que participó en los románticos episodios de los tiempos de los filibusteros, de la Gesta Emancipadora y de la joven república aventurera y revoltosa, y el actual impulso de vida viene de los elementos netamente bellavisteños que han llegado a la madurez de la conciencia cívica.

Bibliografia

Autora de la Nota periodística: Dora Mayer de Zulén

Nota de la página:

(1) De acuerdo al Plano del Callao del Ing. Santiago M. Basurco del año 1900, figura el Convento de la Visitación, ocupando toda la cuadra que posteriormente fue la Casa de la Salud de Bellavista, posterior Clínica Anglo Americana, posterior Colegio América. (Ricardo Gonzáles Zapata). Aporte el plano el año 2013 .

Publicación del Diario La Crónica del 08 de marzo de 1944.

Hemeroteca de la Biblioteca Pública Municipal del Callao “Teodoro Casana Robles”.

Aporte de El Callao que se nos fue

Administrador: Ricardo Gonzáles Zapata.

Enero 07 del 2023.


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